Emotivas Casualidades

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“Para dar un nombre a la cantidad de situaciones y sucesos que han llenado, abarrotado y abultado esta gran cantidad de líneas, cuya variante y multiplicidad en veleidades empujadas por el destino, y a su vez, enmarcadas por el tiempo. El cual estima en hacernos ver, las infinitas oportunidades de aquello que preferimos callar, antes fuera sumar otros sucesos que abultan en calamidades, desdoblando por ciento nuestra capacidad de escena”

Hoy al correr de los tiempos es casi imposible mantener oculto el comportamiento social que desenmascara una y otra vez a los protagonistas, cuya idea es pensar de eso que no es visible, fuera en algún momento previsible, entonces “Corren el riesgo de someter sus cargos y posicione de poder, a las albricias de lo oculto. Las sociedades nos venimos desgastando en la medida en que nos erosiona la corrupción y esos nuevos paradigmas que en lugar de solidificar la acción hacia el conocimiento lo acaba. Por esta razón quise empezar esta brevísima reflexión para así, dejar en claro la posición asumida por los constructores de este gran conglomerado de sociedades, las cuales debemos proteger porque son la fuente dónde las futuras generaciones calmaran la sed.

Ardido nos hayamos con esta serie de situaciones furtivas que nos vienen sucediendo que, junto con la pandemia nos hace experimentar y pone a prueba la madera de la que estamos hechos. Es un grito, como lo quiera ver mis queridos lectores, a enfocarnos en el cuidado que amerita nuestro entorno, porque esta tormenta aparente interminable debe llegar a su fin y con ella las múltiples calamidades que han sucedido durante estos últimos años. Nos hemos topado con la enfermedad y las fallas que una vez creímos nos poseer; por un lado, la mentira termino con derribar aquellos colosos de pie de barro, nada más y nada menos que en medicina.

Hoy nuestros hospitales se vieron profundamente afectado ante la situación de la pandemia y la huella que dejan los sistemas políticos, que pasan por nuestra sociedad sin pena ni gloria. Una cantidad de necesidades capaz de volver loco a la sociedad y al gobernante de turno. Gobiernos paria y sociedades necesitadas, uno que buco remedio en quien menos debía. De esta manera comenzaremos un recorrido por nuestro pequeño mundo y entre fantasía, realidad haremos un buen momento.

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Para comenzar debemos saber en principio que, nuestro tema descansa o se cimienta en materia obtenida del acontecer anual y diario, ocurrencias que sobre saltan a la vista de lo ocurrente; más que un tema aburrido trataremos de darle un poco de humor, para así cincelar nuestro conversatorio, transfórmalo en aquello que deseamos. Anteriormente del nacimiento de esta idea veníamos recolectando contenido anecdótico, el cual, no hiso voltear la vista por la característica que guarda algunas actuaciones. Ayer, que exacto no lo fuera.

Me acuerdo que llegue de lejos pensando en la ilusión que tiene salir de un país, cuyo destino vista las ruinas que venía producción la ironía de progreso, avance sobre polvo entre las manos, resultado de un mal manejo. No pienso hacer de este ensayo, un tema político porque no es la idea del mismo. Prefiero que avanzando el correr de sus aguas no lleve a feliz término. Ya hace muchos años en los que pensamos ahondar en los temas y urdiendo cual araña la tela, en los resultados menos dolorosos sin ofender corazones y menos enaltecer aquello invisible ante inocente ojos. Preferible, queden en los lectores la incógnita resoluta, venida de esa capacidad humana en desatar los nudos gordianos y pareceres de la vida.

Abrimos el telón que no se confunda sea una obra de teatro, simple es una forma de entretejer la palabra y de esta manera conseguir penetrar aquello que la luz de lo oculto nos ciega. Saliendo de nuestra tierra concebimos un mundo ilusorio lleno de oportunidades y fantasía, parecíamos niños en búsqueda del tesoro aquel de los nibelungos. En plena cadena montañosa cuya figura bordea la vía inclinada que nos conduce desde nuestra Colombia, hasta los confines apartados del Ecuador. Avanzamos a prisa sin retardo, esperando que nuestra suerte de andariego nos llevara por los raudales menos peligrosos de Suramérica, tuvimos la suerte del caminante que pregunta y aciertan al primer intento, más llevamos con nosotros una pequeña imagen, la cual nos servía de guía y a ella nos abrazamos. Los días eran noches y el cansancio del recorrido se iba sintiendo con las horas, la comida era la ambrosia que despertaba el pastoso aliento formado con las horas sin hablar. Nos enjuagábamos la boca en los baños de cerámicas blancas, que abundaban entre el frio y el ambiente nubloso, la lluvia perenne en las cimas altas, daban la idea tenebrosa que se forma en aquellas cabezas capaces de construir temor en la ilusión formada, en verdad es temor a lo desconocido. Nosotros continuamos a pesar de lo paralizante de los pies helados y los ojos rojos, efecto del inclemente espacio opacado a corta distancia. Sin embargo, nunca nos faltó aliento, fuimos hermano navegantes y viajeros con rumbo al sur, dónde nos esperaba la mágica aventura, que hoy les iré contando. Luego de salir de la parte fría que ocupa Colombia y Ecuador (Rumichaca), Seguimos carretera sobre los neumáticos incasables del carro veloz que nos conducía a nuestro desconocido destino. En tanto mejoraba el clima, el frio iba desapareciendo y nuestros ánimos mejorando manteniéndonos menos tiempo dormidos y más despiertos. Entre la temperatura y el vapor que esta generaba íbamos con la mirada fija a nuestro nuevo hogar, aunque en su momento no era la idea pasados los años, poco a poco fuimos queriendo el lugar donde hoy estamos. Continua

La daga de tu amor

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Para mí el estar contigo

Me obligara,

Caricias que persigo es

Mi tormento.

Del vaso que bebiese

Es mi alimento,

Daga que entre mi pecho

Me apuñala. DV





La noche de la niebla.

Incomparable fueron las anteriores, dónde el brillo era la esperanza que había hecho que John Palmer,  continuara la ruta. Pero esta vez el cielo en sugestivo artilugio oculto todo destello resplandeciente,  tanto que los tocuyos no se hicieron presente para hacerle compañía. Lamentable era sin embargo al cambio de las circunstancia John, no se detuvo y continuó en su camino a casa oscuro. Las ranas hicieron el ruido estridente que esperaban el terror de algo nuevo, pájaros de ojos relucientes lo acompañaron, mientras la luna apareciera en ratos que de los árboles se alejaba. Las piernas le temblaron por un momento incitando a descansar recostado entre la hierba, los hilos de las telarañas hacían juego de luces con la poca proveniente de la profunda cueva. Cuando terminaron las piedras que parecían escalones, cuyo movimiento lo hacían caer al suelo en todo momento.