La noche de la niebla.

Incomparable fueron las anteriores, dónde el brillo era la esperanza que había que Yhon Palmer,  continuara la ruta. Pero esta vez el cielo en sugestivo artilugio oculto todo destello resplandeciente,  tanto que los tocuyos no se hicieron presente para hacerle compañía. Lamentable era sin embargo al cambio de las circunstancia Yhon, no se detuvo y continuó en su camino a casa oscuro. Las ranas hicieron el ruido estridente que esperaban el terror de algo nuevo, pájaros de ojos relucientes lo acompañaron, mientras la luna apareciera en ratos que de los árboles se alejaba. Las piernas le temblaron por un momento incitando a descansar recostado entre la hierba, los hilos de las telarañas hacían juego de luces con la poca proveniente de la profunda cueva. Cuando terminaron las piedras que parecían escalones, cuyo movimiento lo hacían caer al suelo en todo momento.

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Soy aquel que no olvida jamás. Un alito silente que podrás respirar, la razón de esta vida soy eterno y más allá. El que te desnuda toda cuando dibuja la mar, la inspiración del Olimpo un amor de no acabar. Un recelo y un recuerdo, cual estrella al titilar. Dv

Apartadero

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Primera Parte

  No era extraño que pasara todas las tardes ese joven alto observando hacia los ventanales de la casa grande, tratando de introducir su mirada por el resquicio insignificante que proyecta la luz, cuando se cuela por los agujeros de las paredes blancas entre juntas del sobresaliente aposento. Filomena Marcussí Salvatierra, todas las tardes se sentaba en la silla de mimbres colorada, junto con su prima Doménica Salvatierra Granados, la de tez de porcelana y de ojos azules, cual si fueran la eterna bóveda del cielo. Dos jóvenes que comenzaban a sentir desde hace tiempo, el significado que tienen los cambios que experimentan las niñas próximas a su adolescencia. Se aumentan los calores en el vientre y aquel montón de mariposas se alborotan y revolotean sin descanso. Eso pasaba cuando veían pasar a los muchachos peinado con gomina y de cabellos abrillantados, que desfilaban y se contoneaban frente a ellas, sólo con la imperativa intención de verlas sentadas en el porche de la casa de columnas imponentes. Tratando con disimulo y en su presencia, no fueran notados por la negra alta Dolores, siempre atenta, la misma de siempre, que las estuvo cuidando por orden de su amo, el señor Pablo Marcussí padre de la niña Filomena, Dolores lo hizo de mucama por todos los años hasta su muerte, tantos eran desde que atendió su nacimiento. 
La hacienda de cacao que se veía del lado lateral antes de llegar a la entrada del pueblo, quedaba detrás de la notable casa, y se levantaba por encima de las demás luciendo su techo rojo. Las calles de Apartadero eran exageradamente largas, y estaban hechas de un antiguo y duro cemento, y en particular, cuando llovía las aceras eran resbaladizas, y fueron confeccionadas en otro tiempo, momentos de los que se hablaban hoy como un pasado que se añoraba, cuando la ciudad pudiente, estuvo en la mejor oportunidad y aprovechamiento, con el gobernador el señor Marcos de la Torre y aun por los rincones de las casas se escuchaba su nombre, quien fuera un perseguidor de sus adversarios, un pequeño tirano que se vino fortaleciendo en la medida de que el pueblo de Apartadero lo fue soportando y permitiendo. Los que aún anhelan este tipo y forma de gobierno. Dicen de secretos entre la gente: ¡Como hace falta aquella bota de Marcos de la Torre! Entre suspiros y oídos que no escuchan, para evitar contradecir las equivocaciones; porque desde hace años, ha existido en Apartadero el respeto por la palabra de los hombres de cabellera blanca, inseparables de sus constantes afirmaciones, aun siendo equivocas.
Sin embargo, llega el momento en que la sociedad se revela desde sus adentros, aquella juventud risueña y callada de aquellos días, paseaba de un lugar a otro, con las mismas costumbres, cuando regresaban de culminar sus estudios en la capital o en el extranjero, y comenzaban a formar parte de aquella sociedad enmudecida e improbable y a la vez, si se pudiera decir. Cobarde ante el desafío de su verdadero destino, que significa la trascendencia de los hombres, cuando son capaces de romper los moldes que los convierte en simples adornos y trípodes de porcelana, convirtiéndolos en aquellos incapaces de mover un pie, porque, piensan que su movimiento propiciaría una caída dolorosa y la pérdida de todo el significado del entramado vidriado de donde se sostienen. Continua

La noche de Dimitri Bugarov

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   Luego de caminar todo el día llego a su cuarto pequeño. El cual se encontraba adornado con vistosas telarañas y un olor a pintura fresca que no desaparecía desde que el llegó a este lugar. Había cumplido cerca de un año en ese espacio, que alquiló sin saber lo cancelaría el mes siguiente. Gracias a su voluntad, casi siempre podía encontrar algún dinero con que hacerlo, un día en su profesión y el otro reparado artefactos eléctrico viejos e inservibles, mismos que en otro lugar, estarían en la basura. Pero una cosa es ser conservador y ahorrativo, lo otro un tacaño que no micciona para que el pasto no se abone. Así transcurría la vida de Dimitri. Esa noche después de bañarse había decidido cómo siempre, hablando sólo y planificando al mismo tiempo. Intentaría revisar unos planos eléctricos, buscando no perder esa parte mecánica que nos mantiene atados a la vida; la esperanza de sabernos convencidos que todo llega por obra consecuencia del esfuerzo y el trabajo. Dimitri lo sabía, puesto que del país de dónde venía, eso siempre había sido los resultados. Ahora que las cosas hayan cambiado de manera misteriosa. Pues, el no se explicaba el porqué teniendo tanto conocimiento, pudiera obtener tan poco por su trabajo. Pareciera que la tierra pretendía desaparecerle. Y él se esforzaba hasta el punto de terminar cansado físicamente sin el resultado que por años, desde había llegado aquí pretendía obtener. Sentose frente a su laptop y su visión borrosa de cansancio lo llevó sin darse cuenta a dormirse con los ojos abiertos. Veía todo, como se movían las cortinas que cubrían la ventana de la habitación y hasta podía pararse si así lo deseara. Más consintió en seguir mirando lo que del computador le llegaba. Eran unas señales descritas en un idioma que nunca en su vida había notado. No era lenguaje descrito en jeroglíficos u otra lengua extraterrestre. Más aquel párrafo que iba comprendiendo mientras la pantalla por si sola corría. Describía su vida en el instante dormitando en el que estaba. Su niñez preñada de obstáculos que no sabe si había vencido o fueron dejados cómo señales de fracasos que no logramos resolver por falta de tiempo. Sus problemas con el miedo que le producía la oscuridad y las peleas con Ivan Polux un chico de la escuela, que hasta el sol de hoy lo veía, terminó su carrera al igual que Dimitri. Pero, para nada fue alcanzado entre los dos el existo que sus ilusiones prometían. Ivan trabajaba con su padre dueño de una tienda de enseres y Dimitri termino haciendo lo que su inventiva producía para sobrevivir en está tierra ajena. ¡ Buenos días! Dimitri. To be continué. DV

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La novela no se ha ido.

Cuando la novela pierde su esencial brillantez y se aleja del sitio consagrado que le es robado. Se mueve bajo la corriente y el vaivén que lleva la dirección de comprendidos sentimientos de ahora. Un horizonte que la opaca y le quita la lucidez, como ese traje que en otro tiempo llevaba en aquellos salones dónde la belleza, cuidaba, la semántica que eran propios de si misma. Ya qué sin esto, pareciera que perdiera la eternidad que la consagro por tanto tiempo, hasta se pudiera decir que pudo vencer la evolución que va con ella; sin que se aparte de la luz que nos guía por el jardín de flores que produce la ciencia en todas sus variaciones. ¡ Ah, quien pudo algunas vez, llegar a tocar tus hojas y envolverse en los pliegues delicados  de tus ramas! Allí dónde los pájaros comparten sus prodigiosas voces, que aprendieron los tenores de una época, cuyo clarin no olvidan, porque saben en sus adentros la importancia inevitable, cuando se ha de volver al principio. DV