Me voy de viaje

es un placer. Regala un libro

 

Amnesia como quiero que viniera

Y entierre para siempre mis recuerdos.

Acudas en mi ayuda hoy te lo ruego,

No quiero saber nada de estas sombras.

..

Que escurra cual la noche se haga el día

Borrados para siempre estos pesares,

Que nadie me recuerde es lo que quiero

Me vaya como hoja a eterno viaje.

..

Si quieres animar a esta tristeza

Te digo la verdad pierdes el tiempo,

Rumiante como el pasto de las vacas

Repito sin cesar quiero olvidarte.

..

Que vaya donde alguien le de sombra

Mis hojas cual cabello se han caído,

Cansado el caminante el recorrido

Otoño de un pasado he renacido.

..

Se pierde el pensamiento entre barrotes

Me siento temeroso en sus paredes,

Lastima de ninguno quería este preso

La soga que en su cuello se ha caído.

..

Allá lejos la luz hay esperanza

Se asoma por el hoyo entre la niebla,

Cercanos en la noche los vencejos

Se vieran desde cielo en raudo vuelo.

..

La prisma que el calor pintaba el cielo

Se fue aminorando con la puesta,

Me quede como el niño que ha comido

Metido entre los brazos adormecido.

   

 

 

 

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Llévame contigo

Llévame cielo azul donde tú quieras
Condúceme sin prisa a tu morada,
Quieras que mi destino sea contigo
Donde se pone el sol en la alborada.
 
Dame del canto fuerte de las aves
En ritmo melodía entre sus trinos,
Anima no te aflija con el frío
Es suave como forma de abrazarnos.
 
Me quede junto a ti, me hago tu sombra
Que cuida dulcemente los detalles,
Espero donde siempre conversamos
No olvides de mi espera eternos viajes.

De jardines hielos

Una obra amena y ligera, en la mejor plataforma del mundo diseñada para escritores indies

 

¡Ah, flor insigne de jardines hielos!

Tierras frías y opacos de la noche,

Cortinas cual humo blanco de los cielos

Canción voraz que en sus  alas vuelo.

..

Trino insomne que despierta  a un trueno

Pasión efímera de los cuerpos tiernos,

Tuyos y los míos sentidos fueron

Dos almas ardientes quemadas al fuego.

..

Son tus ojos los luceros bien lejos

Allá en el éter inagotable quiero,

Beber de tu agua en mi camino incierto

Saciarme en ti en la fuente muero.

..

La alquimia vaya en unión de los cuerpos

Más que en la distancia tu perfume siento,

Huella imborrable de tu amor mi ruego

Del que me arrimo y me caliento el cuerpo.

..

En una palabra te escuche cual viento

Iba y venía en sutiles tierno,

 Son la añoranza de tus ojos negros

El vino dulce siento de tus besos.

..

Son tus dos manos como un suave lienzo

Blanco de tu pecho un alcanzar bueno,

Siento protegerte y en mi letra puedo

Cuidar de su nombre y silencio quedó.

..

Si en la barca vamos los dos como el viento

Soñamos el día de promesa encuentro,

Creo te conozco me dirás lo siento

           ¡Fue que la insistencia me condujo a esto!         

Cómo crees que no me acuerdo.

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      Odio este instante de la vida, en los cuales tantas veces me he visto envuelto. Drogado del alcohol y metido en no sé donde, espacio y lugar desconocidos. En donde cualquiera puede acabar con mi vida. Porque cuando así me encuentro, no se mi ruta ni camino. Perseguido por mis demonios, que me empuja andar sin destino, para que luego de pasar unas horas me halle durmiendo en cualquier lugar de la ciudad debajo de un puente. Adolorido y aletargado, sintiendo partes de mi cuerpo aun heridas, que se yo, por algún golpe que me he llevado con alguna acera o pared que se opuso a mi camino. ¡ja, ja, ja, ja! ¡Qué vergüenza! Caer nuevamente en esto, que tantas veces se repite en mi vida una y otra vez, consumido en mis pensamientos, arrastrado por una voluntad que no es capaz de sostenerme, se tanto que lo desconozco de todo, especial ¿Quién soy y como me llamo a estas horas? La credibilidad de mi palabra se ha hecho humo que se cuela entre el manto cuadriculado de las incipientes verdades que expreso cuando escribo. Ya no tengo la verdad conmigo, cuando deambulo por las noches de las solitarias calles, en las que abundan los mendigos y malvivientes que se extrañan de verme, otros me saludan como si fuera alguna cosa rara, alguien que merece alguna alabanza por el hecho de andar en su oscuro territorio, comparando su misma vida a la mía. Nadie sabe que mi escape se parece a todo aquello en lo que me sumerjo y me ilusiono. Soy el hijo descarriado, nacido de las horas interminables de lecturas. Imbuido en páginas de maderas cortadas que son capaces de hacer sangrar mis dedos,  dueñas del eco y el sonido afilado, cual cuchillo que rasga el viento cuando pasa de un lado a otro sin importar los capítulos de un libro, he llegado a especular que se metan tan adentro de mis últimos pensamientos, cada palabra, párrafo e idea; son capaces de adquirir cierta autonomía y entonces, cuando el vulnerable de mi cuerpo, supedito al vaivén del mesonero que sirve la copa tanta veces, sabiendo por la experiencia y las otras, que aquí he venido, que no escatimo minutos y menos horas, para largarme en cuanto quiera. Manejado por el piloto ciego que me conduce al primer lugar donde aterrice, ocultando el dolor y el hambre que me hacen sentir los incomprendidos, sufriendo por un dolor que está lejos de mí espacio, apartado de mi cuarto y de mí casa. Pero sin dejar de sentir lo que una vez sufrí por motivos que hoy no van al caso que recuerde, pues no tiene sentido verse en un espejo y mirarse a sí mismos y allí es donde la vida pierde todo matiz de amor y dulzura. Haciéndome probar que la verdadera vida que debo sentir, es aquella que se imita en mi semejante y a pesar que por ellos,  culpables o no de sus padecimientos, o existe alguna razón que llevó al mendigo a dormir en las calles y aceras, recostado entre los cartones y aquella bolsa de plástico que hoy se convierten en flamante palacio que lo espera. Arrumado en su mente, con la mejor lencería de otro mundo de Persia. Donde su voz es el único sonido que se escucha. Sueña con la riqueza de ser el rey de su palacio y se encoge en su plástico, cual si fuera un objeto que no debe ser ajado y por eso, se esmera y lo cuida. En tanto mi mirada estudiosa de imposibles, ante todo aquello que deseo y desconozco, porque para sentir, pareciera que debo vivir cual él lo experimenta, y allí lo escuchó en sus cavilaciones, de momentos que brilla, como si su pensamiento en otra oportunidad fuera de un sabio que no supo encausar su misma vida. El que se ha cansado de las paredes que nos obligan a recortar las alas, y en su momento me identifico, pero procurando desde otro punto de vista que no atenten con mi pensamiento y no me aparten del correcto camino. Aunque hoy viéndome, bajo de este puente en el que los vehículos transitan sin darse cuenta, que las vigas de soporte se ven desgastadas y cubiertas de orín que carcome. Sin sentir que el peso pude en un momento inesperado, tumbar el puente que una vez nos ha servido de unión con otra parte de la ciudad que duerme, y la otra parte de abajo que se supone existe, pero no es motivo que valga un pensamiento. Abajo niños con los cabellos largos, gente muy pequeña de brazos ahuesados y ojos sobresalientes, que pueden ver más allá de la oscuridad por las noches. Ciertamente me producen miedo y dolor, saber de tantos viajes a la luna y ni hablar de la superación del hombre con su cacareada tecnología, sin que seamos capaces de comprender un alma, cuando reclama a la sociedad culpable de su existencia. Sociedad altiva que abandona a sus propios seres, callando lo que no resuelve. Por esa razón vine y toque lo que otras veces veo de lejos desde el balcón de mi ventana, para así sentir el frío que experimenta el cuerpo exiguo por las noches. Hoy llegó a mi casa, me daré un baño y volveré a ser el mismo de siempre, sin olvidar lo que sentí cuando estuve en el submundo que nadie quiere, desprecio mismo de nuestro propio humano producto, deshecho corpóreo y significante, de una sociedad insulsa que aísla a su propia sangre, se debate en la imitación paulatina de su misma muerte y en resultados simples, donde el mendigo y yo somos los mismos.

Fuente inagotable donde vuelvo

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Eres mi potro salvaje
En verdad no lo niego,
Pero del fuerte oleaje
Aleje tu palabra de mis ruegos.
..
Te elevarías cual vapor,
Sin temor hacia los cielos,
Apartándote de mí
Cual si fuera la gota en el invierno;
..
Y ruedas sin parar amor
Como hace el agua del riachuelo,
Colándose entre mis manos
Como arena en cedazo del desierto.
..
Pero no conozco otra,
Sostenga los pilares de mi fuero,
Es mi camino y donde vuelvo
A Tomar, toda vez que estoy sediento.
..
Fuente inagotable del hambriento,
Caricia deseada cuando duermo,
No te diré más nada
Sólo haz como quieras así te quiero.

No me da pena.

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Soy el destello de una centella

El canto alegre con que otros juegan,

En el rocío lágrima afuera

Quien te acobija en noche postrera.

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En campanada al son que suena

Como un suspiro en la alta esfera

Mirando de lejos la hermosa tierra;

Soy quien inspira y sonó la cuerda

..

De la guitarra amiga eterna,

Como aquel canto mi alma recuerda.

En la soledad de mi alameda

..

Aire susurrante y corriente fresca,

Ve a tu camino soy quien te espera.

Soy tu alabanza y la nota buena.

Blancas como la flora.

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Tiempos de sueños interminables

Se disuelven como gotas en las horas,

La lluvia viene en cántaros imparables

Gorjeo de aves escondidas en las floras;

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De paisajes, altas y abundantes amapolas

Colores de lienzos primitivos naturales,

Las melodías de pianos suaves guturales

Como las costas cuando te espero a solas.

..

En las minas los diamantes colosales

Y en tus ojos como una luz en la aurora,

Señala los caminos encuentros especiales.

..

Debajo de las hojas en cantos las sonoras

Vienen las cantoras en tardes especiales,

Cielo azul y blancas son las esporas.  

 

Terremotos y Huracanes

Una obra amena y ligera, en la mejor plataforma del mundo diseñada para escritores indies

Terremotos y Huracanes. 

       Esa tarde, las lágrimas que venían del cielo caían con insistencia anegando las calles, el viento furioso iba de un lado a otro arrastrándolo todo y las hojas de los altos árboles no le hacían alguna resistencia. Ese tiempo se sitió por primera vez, que el mundo tuvo miedo a lo desconocido e inevitable, la atmósfera enrarecida y ese silencio que existe en el ojo del huracán que lo envolvía casi todo. Las aves revoloteaban de un lado a otro y se vieron algunas posarse en lugares donde nunca jamás lo hicieron por costumbre. La marea amenazante, asomaba con tragarse la costa y en momentos, parecía que abría las fauces gigantescas, para engullirse la basura, los pequeños barcos lujosos y encadenados, parecían que no resistirían el paso de la señora Irma, se vieron cadenas de vehículos que se desplazaban con las despavoridas familias en dirección al Norte, se podían ver antes de la llegada, como algunas personas se negaban a la partida y a perderlo todo. Era ese el motivo por el cual tanta tristeza, la que embargaba el camino de mucha gente. La mayoría de se suponía era origen latino. El huracán se veía desde el techo de la bóveda del cielo, en su actitud despiadada y cinegética, muchos no entendían, el porqué de tantas imágenes y exageradas transmisiones en la radio, que se escuchaban entre cortadas y ponía los pelos de punta, boletines de alerta que hacía sentir en otras dimensiones fuera de la tranquilidad de las casas, mi familia y yo, tuvimos que alquilar la parte de atrás de una camioneta, para poder salir con lo poco que pudimos llevarnos, pues, sólo prevalecía salvar la vida y llevar algo de alimentos. En otros lugares apartados de América un poco más lejos, en lo apartado del mundo,  unidos a nuestra señal de huracanes, se escuchaban noticias, sobre ensayos criminales y destructivos de bombas que eran probadas en el horizonte de la tierra y en sus profundidades, en función de las naciones que deseaban mostrar su poderío indestructible. Era otro número más, el cual hacía subir el termómetro del miedo con el que andaba la gente en la carretera interminable hacia su salvamento. Los terremotos, llegaron casi al mismo tiempo que nuestros odiados visitantes, Irma, José. Katia. Los tres como siguiéndose los pasos y desolando lugares por donde pasaban, mientras, el hombre aterrorizado que habita los sufridos pueblos, miraba al cielo esperando un milagro para que nada nos sucediera, nosotros entre la radio y las golosinas, continuábamos a ritmo lento por la carretera, que se hacía angosta y se extendía debido a la afluencia de más trafico del acostumbrado. Y esto aunado a los terremotos que estaban sucediendo al mismo tiempo en otros lugares del mismo continente, seguidos de mil replica que no prometían menor daño a la tierra, la cual parecía que lloraba y se sacudía, esto toda vez, que el hombre hendía en sus profundadas, queriendo demostrar con ello ser el amo de la tierra, y por eso era capaz de hacer con ella lo que le venía en gana. Nadie podrá negar la consecuencia indemostrable en esta época, de todo eso que está pasando, ojala que esta página de este libro que estoy leyendo, no sean la realidad cruda de lo que estamos viviendo. Por lo que estamos pasando ahora, sea simplemente coincidencia y que  este momento en el que nos desplazamos  en carretera sean simplemente, un antojo montaneo que nos obligo la naturaleza saliendo ilesos en nuestro destino. Para que reflexionemos un poco y en  los próximos años, mientras se aplaca en dolor que la tierra ahora siente, y nos obligue mundialmente a pesar en ella. El dolor dejará en muchas familias alejadas y los terremotos y huracanes continúan  en su paso por el mundo. Que esto también nos obligue a revisar mejor, cada construcción e infraestructuras, que no quede nada en el olvido y sean motivo de estudios las diferentes zonas, las que recibieron mayor descontento el paso de los temerosos fenómenos. El sol de la tarde, luchando contra las nubes negras, que se desplazaban como si nos persiguieran, en ese momento me estaban molestando y me enrojeció la cara, entonces me aparte del lado izquierdo de la ventana, en tanto mi madre y mi padre, conducían callados, y de vez en cuando, hacia el asiento de atrás donde yo estaba. Desviaba la mirada para ver si no estaba dormido, aunque en verdad con esta convulsión de las últimas semanas, creo que nos costara volver a tomar el sueño, ya que, el susto de ser llevado por los aires o terminar tapiado por nuestra propia casa, hará que los reflejos y las piernas no dejen de temblar por bastante tiempo, en tanto, duren las visitas angustiadas de esos indeseados experimentos con bombas y en compañía de sus consecuencias. Gracias.                         

 

Lo que me contó mi abuela.

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Lo que me contó mi abuela.

 

        Me acuerdo que le insistía de niño que lo hiciera, y aunque ella no era mujer de mucho hablar, conmigo hacia un gran esfuerzo y me daba cuenta, tal vez, era para complacer al niño preguntón en las tardes soleadas y andariegas, durante aquellos años que pasamos en la vaquera de Acarigua. Era este lugar tan misterioso del que me acuerdo hoy, como si fuera un velo oscuro en esos años de mi infancia, donde todos los recuerdos que forman parte de lo que soy, consiguieron asentarse. Para hacerme el hombre descriptivo que admiro tanta belleza del paisaje, en ese lugar que no pasaba el tiempo. Pero en verdad aunque este no sea el asunto que me lleva hacer este pequeño reconocimiento, más bien es la pintura de la desavenencia y la miseria por las que atravesaron muchos niños, los cuales son los hombres de hoy. A buen entendedor o a otro que no lo sea, basta un buen relato para que comprenda la situación que vivió mi abuela. Ella era natural del estado Yaracuy, exactamente nunca me describió muy bien el lugar correcto pues no se acordaba, pero si fue explícita en contar lo que le había pasado, antes de escaparse de la casa de su padrino el abusivo. Me contó en su lenguaje rebuscado y amalgamado, pues, me parecía que tenía que preguntarle más veces de las que ella me respondía, para que pudiera yo tejer algo y contarlo hoy, o cocinar alguna idea de lo que fue su vida de niña. Me dijo, que su padre murió, cuando ella tenía apenas ocho años y su madre murió tras él a los pocos días. Ella no lo sintió como una desgracia, más bien sentí en ella, vivió la muerte de sus padres toda la vida, después que tuvo conciencia y se daba cuenta, que los demás tenían padres, y por esa razón los extrañaba. Y aunque pareciera una razón ilógica, no estamos exentos de sentir lo que otros, o en algún momento ver, por tantos años nuestras carencias en el momento. Así veían que ella lo sentía, un suspiro  eterno por sus padres, luego de la muerte de ellos, fue entregada a su padrino, porque en aquel tiempo de la Venezuela rural, de la cual, no ha pasado mucho rato, pero, está costumbre de distribuir los hijos a la hora de la muerte de sus progenitores, ya no se usa, pero a ella si le toco vivirla. Cosa que resultó traumática y a la vez, según me decía, mientras yo me detenía a mirar sus expresiones, mi abuela contaba como si no recordaba muy bien, lo que explicaba, y entonces, tenía que hacer un esfuerzo en suponer, lo que ella luego me reafirmaba, después de tantos porque. De esto pasaron varios meses a la edad de ocho años junto con su padrino, el mismo que todas las noches, cuando su mujer dormía, él se iba a la cama de mi abuela-niña, para abusar de ella físicamente, rompiendo su virginidad inocente. Me dijo, que esto le pasó aproximadamente unos cuantos años y me cuenta que no soporto más mientras duró, entonces una noche, después de ser violada otra vez, decidió marcharse sin saber dónde llegaría. Y antes,  cuando  aclarara el día, sin nisiquiera saber el lugar donde estaban repartidos a sus hermanos, y según creía ella, eran como siete hijos. Decidió marcharse sin destino y sin saber salió de esa casa despavorida y confundida del que supuestamente, era su protector y quién la cuidaría, terminó tocando, el padrino malvado. A mí me salían las lágrimas cuando la escuchaba, pero ella siendo una mujer tan fuerte, pareciera que la senectud cambio su manera rústica de antaño, para volverla en aquella mujer dócil y de triste mirada. Siempre hable con ella, luego de saber ese tema tan duro y difícil. Pero mi intención no era que ella lo recordará, sino, que yo algún día pudiera saber la historia injusta de su vida. Bueno para continuar, cuando llegó al terminal de Yaracuy, sin conocer a dónde llegaría, tomó un Bus, que la condujo a Barquisimeto, tenía  como nueve años según ella se acordaba, y llegó a parar a la casa de una familia que se encontró en el terminal de Barquisimeto,  la familia tenía un niño que lloraba mucho, y le dieron como trabajo para que lo cuidara, esto lo hizo durante bastante tiempo, claro las fecha no me las daba claras, pero si me dijo. Que había escapado de esa casa, porque un día que el niño la hizo enojar mucho, le mordió un dedo a ella y entonces decidió de allí marcharse, también como escapada. De esa parte un tanto escueta,  ella le costaba juntar recuerdos y encadenar palabras en sus fechas en la memoria. Lo que traía como secuencia, unos saltos en edades y tiempos, que a mí no me llegaban, más lo importante para mí era en aquella época conocer algo de ella y escucharla. Me dijo, que al llegar a Barquisimeto, luego de que se había escapado de la familia, natural del Manzano, es una pequeña población que no dista del centro de Barquisimeto y era el lugar donde ella llegó, cuando vino en su libertad añorada. Estando en Barquisimeto ya, conoció a una señora llamada Carmen González, una mujer muy católica, pero de carácter fuerte y de voz escandalosa, la misma que aun me acuerdo, de eso para mí no ha pasado mucho tiempo. Ellas dos comenzaron a  trabajar en un cuartel militar Jacinto Lara, que quedaba en el centro, cerca de la plaza Bolívar del estado Lara.  Allí se desempeñaron como lavanderas por varios años, lo que significó una pequeña mejoría, que chocaba con la manera apartada de la realidad que yo sentía tenía mi abuela. Pues en lugar de aprovechar su mejor momento, comenzó a tener hijos a muy corta edad, de los primeros dos que no se llevaban muchos años de diferencia, un tío Eulogio y mi madre que son los mayores, Creo que fue para ella como otra Odisea, pues, para ese tiempo apareció en la vida de ella una hermana, llamada Amacilia, la cual, no les contaré mucho ya que, hay situaciones injustas que a veces no vale la pena comentar. Y cada quien asoma la historia desde su punto de vista, pero soy de los que parto de los resultados, que se tienen a través del aprovechamiento que le demos a la vida, y en el caso de su hermana Amacilia, aparentemente tuvo una mejor situación que mi abuela. Pues, ella vivía en Caracas la capital y estaba en mejores condiciones, tanto que se llevaba a los hijos de mi abuela, para que le sirvieran, mientras ella les enseñó a trabajar, fuera injusto o no lo sea, cada uno cuenta según cómo crea. Así escuche esas historias, de las pocas que conozco de mi familia y mi anciana abuela María Bernardina Verastegui.              

La mejor contada.

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       Esa historia es la mejor contada, aquella que el tiempo maduro e hizo eterno, y como una fruta en desarrollo vino a caer hasta suelo. No puedo describir cuál será esta adecuada historia que se enrosca con los sueños, pero si, saborear el viento que no pudo con ella en su empeño. Y cómo resistió la tormenta de arena durante aquel tiempo,  mientras ellas se crecía cual árbol manzana tierno, ella se fue convirtiendo en un producto que conservo. En esa manera ocupo espacios de la biblioteca entre pliegos, consiguiendo ser leída si fuera un poema bello. No tuvo que envidiar espacio a la montaña fría en el invierno, menos al furioso mar, que golpeaba olas y luego, se devuelve como un amor, que regresa del destierro, como si fueran los brazos suavizados en la piel y cueros. No sucumbe ante el momento, se fortalece como hierro, con cada sombra que crea la nube, empuja y sacándola de un infierno, fortaleciéndose cada año, en las estaciones cuál vuelo, y allí las describe en su hoja, la misma de cuya naturaleza nace del viejo cuento, hija de los altos olmos, viuda de lo que se lleva el fuego. Página testigo de almas que aman, pañuelo mojado de escurridos sentimientos, desahogo de los inciertos, encerrados cual represas, se guardan en lo más hondos de los tímidos pensamientos, aquellos intransmisibles en una palabra, y contados en aquellos sublimes pliegos. En los que los personajes, pasan a ser una metáfora, que disimula la presencia de ellos, esa tercera persona, quien inventó el cuento nuevo. Cuantas cosas ocultas por el mundo en tus páginas se encierro, clara expresión de amor sobre ti hicieron, se olvidaría del odio el mundo, causante de muchas penas fueron, también de muchos destierros, en ti eso nunca existe, en ti sólo vive el cielo y solo destilas cual el vino de las fondas que estuvieron, de la uva es tu esencia y al pasó por los maderos, ese sabor siempre antiguo que las mejores bocas pruebo. Nadie se burla de ti, y es que, sin ti existe el miedo; eres la reina del baile y deja el trono abierto y  volverás de nuevo,  y  ser aquella   princesa,  dejando todo lo nuevo, y renacida como un ave, fénix del final de los tiempos, en ti eterno prevalezca en hojas de papel tierno. Eres el reverberar de estrellas que pintan cielos, la nota del consonante de versos cantados viejos, el gorjeo  de los bosque, el ave enamorada en invierno,  presencia eres de las nubes, en el cenit eclipse recuerdo, en lo más alto quien te viera, florecilla de ornamento, encantada por donde caminas en tus venas brota fuego, ese jazmín penetrante, de los bosques de otros cerros, allá donde te persigo, hendido en tu mundo perfecto, y sacándote hacía afuera, dejando un resuellos quiero, asomar tu transparencia que en ese mundo  sintieron; como le ansió yo, sirena de los mares cruentos, Minerva de la belleza, esclavo ante ti me siento.

Y así como describes epopeyas, cuentas historias y hechos, en tus pliegues envolverme y dejar el azul fieltro. Tú perlas de los océanos y gemas de los avernos, oro de minas ocultas,  diamante de calientes huecos, expulsada como lava, tal si fueras un infierno, Sigues siendo más valiosa aunque el hombre sienta celos, en mi tienes tu cama, aquí en mi terruño dormiremos, cuando quieras fina letras en ti dispuesto me muero. Y junto con mi adorada, haremos de seco hielo, subirte a ti hasta el Olimpo, llevarte al hondo deseo, que te eleves como el agua, que en vapor de agua vinieron. Componerte cual fina música, de en tus páginas encierros, y decírtelo cantando, por favor que nunca en tu féretro. Quédate con nosotros aquí cerca, quien te quiera pierda el miedo, no vayas donde a los hombres, están pendientes los guerreros y sujetos como esclavos, en cepos su cuerpo estuvieron, que arrastran si fueran aldabas y gruesas cadenas de yeros, son el futuro de ahora, insigne historia postreros, y contaran sobre la tu saya, blanquecina piel de azúcenos, para después engolfarse con el arte como credos, así fueran perseguidores de lucha y el te quiero, aleja la hipocresía, madre de todos los ciegos, guerreros de espada y escudos ignorancia combatieron, hay muchos que sueltan penas; no se lucha sin esfuerzo, el sudor físico del hombre quiera Dios que vaya al cielo. Es la huella de un pasado, que en presente no se vieron, que para ver el futuro, los hechos son correderos, en las que ancas los caballos y al caballero un romero. En la cuenta de virtud se vio luchando a su pueblo y con egregias palabras, son telas buenas remiendos. Las sedas son las que hacen, las túnicas de arte viejo,  y se lavaron al río y de ellas se aprendieron. Como se adornan las fiestas. Un amigo vale velo, quitarlo de vez en cuando, sincero amigo yo quiero. Cada vez que quieras vuelvas, vuelve aquí que yo te leo.