El canto en las alamedas

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Tú que conoces la prisa

Y te detienes y piensas,

Ancho mar de mis antojos

Cobija de azul y su tela.

..

De olas que alcanzan cielos

Y lunas que arrastran tierras,

Canto de lobos en las piedras

Linda noche de altas sierras.

..

De vientos embravecidos

Un árbol con fruta fresca,

Manzanas de enamorados

Bermejas su piel, cual seda.

..

Lucero de los caminos

Ardiente piel de morena,

Orgullo la estampa del hombre

Que lucha y no desespera.

..

Siempre llaga la fortuna,

Es el trabajo una prueba,

He conocido la bruma

En la noche las luciérnagas.

..

Un bongo que en solitario

Del océano navega,

Viene en busca de las almas

De piratas estaba llena.

..

El recogimiento del agua

En la orilla cuando suena,

Se parece a hermosa música

Que se cantaba allá afuera.

..

Mira la tela del oro

Como teja y corta hileras,

En la esquina la puntada

Y en el centro mejor queda.

..

Es el manto de la vida

Se compone en forma bella,

El afina la poesía,

Que hace al sastre se vuelva.

 

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Los abedules.

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    Lástima que las hojas de los apamates se cayeron antes que la noche aparezca y las ramas de los samanes se inclinaron para saludarte. Las cornejas alzaron su vuelo antes y la noche con su brillo de estrellas llegará. Los colibríes pasaron raudos cómo pasa el tiempo lento antes de nuestra última cita, ellos con sus alas y su pico puntiagudo, en esos momento y mi vista acompañaban, Los cocuyos hacen sus primeras apariciones en compañía de la azul sabana como vidriada. Esos verdes campos se han detenido por casi un año, solamente para esperarte y la negra cabellera se me fue cubriendo de cenizas mientras, el sonar de las campanas de la iglesia las horas iban tocando y anunciando que el día se acaba, en verdad te esperado mucho y me arrullo con aquella canción la cual me anima en mi religiosa esperanza, las garzas no llegaron este año, pues algunos cazadores que anduvieron por aquellas montañas irresponsables les disparaban. Esta vez, tratare de contarte, lo que he realizado mientras me disfruto estas últimas letras, en ellas he encontrado el aliciente que me sostenía, ha sido mucho tiempo que en mi memoria, se han desdibujado algunos de los lugares en la bella Barcelona, por los que pasamos y en lo que, tus besos endulzados dejaron el melindre en mis venas acompañado con esa fugas mirada en ráfagas, y a su vez tan profunda, no voy a decir tu nombre pues sabes que en los caminos, pareciera y guardo la sospecha de alguno lea mis cartas a ti dedicadas, tú sabrás que son para ti desde siempre, desde aquella oportunidad en las que nos tropezamos en aquella plaza, cercada donde Eolo, hacia mil cosas con tus cabellos, y tu, con esa mirada de timidez que en mi quedo grabada, sabrás que hiciste un buen grabado en tu nombre, con aquel buril de sentimientos en la lamina de acero, en que he convertido mi alma. Eso lo hice pues, me agote mientras en ti esperaba. Si dueña de mi pensamiento, no sé cómo es posible vivir sin ti y mantenerme en estas inciertas horas de inconstancias, hoy sigo vivo porque he mirado por aquella ventana, en la cual, nos recostamos tantas veces cuando en mi casa te quedaras, Ha mujer dueña de mis antojos, creo que no llenaste ese vacío que existió en mi, cuyo peso y en tantas oportunidad te dije llevaba. ¿Sabes qué?  Tu pasaras como en la vida pasa todo lo que nos proponemos a olvidar en las situaciones hartas. La golondrina tuvo a su polluelo y a pocas semanas alzo su vuelo, sin que aun tú llegaras y en el entretiempo lo observaras fijamente, mientras sus plumas dejaron de ser opacas.

     La canción aquella que estaba escribiendo aguardando tu llegada le he terminado, pero como existen tantas cosas, que he construido en ese castillo de naipes, el cual, había convertido tu presencia, en el espejo de ha desfilado la foto en la que estábamos en la playa. También había guardado el Vermont, pero, como comencé a sentir como te alejabas y en una noche de tantas, cuando cayó el invierno, la he descorchado y me he emborrachado en tu nombre ¡Ah dulce amada! Los ritos que he practicado en búsqueda para no olvidarte, pero, apenas hoy se me ocurrió hablarte, buscando aquello en mi y si fielmente aun vivía, y me doy cuenta de cómo he desaparecido en tu fugas mirada, no importa si aun sigues quebrantada como siempre, pero he prometido cuidarte y hacerte ver el pasado a través de las imágenes que para ti guardaba. Si nos hemos separado, fue porque, me ha ganado la partida y el convencimiento errante puso fin a lo esperado, ahora camino al cementerio procurare llevarte flores, ya que ha muerto contigo mi alegría, puede ser del clavel aun, no se haya marchitado. Porque, no hace muchos días que anduve visitando la tumba, donde quedo tu cuerpo y este montón de flores, han marchitado y se han perdido en los zafacones pletóricos, junto a los insectos que aun esperan. Un hombre me ha prometido que mensualmente vendrá para pulir el acero y los aros de plata, se ha comprometido y jamás me preocupe y me juro mientras el este allí de que el granito se despula, y así lo mantenga vivo como ayer antes de que me abandonaras. Y me volví a perder en esos almendrados ojos tan tuyos, donde la lejanía inacabada, en este aliento respirable en el aún perdura esta presencia.            

Me quede cerca de una cruz.

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Me quede cerca de una cruz.

   Sí, sí, allí estuve por aproximadamente cerca de unos cuarenta minutos, contemplando esas nubes derretidas al roce constante de la tela transparente del viento, y entonces, analizaba la pregunta de ¿Porque escribo? Me divierto sin complicaciones del motivo de porque lo hago, son esas ganas de hablar conmigo de eso que veo y admiro tanto, el mundo y sus colores, esa silueta imperceptible teniéndola frete a frente y me hago un alto para contemplarla. En ese pequeño andar de los minutos, me detuve. Era una cobija dibujada con el lapislázuli de la gracia innegable del autor y su protagonista, pudiera ser estaba imbuido y pletórico del aliento en mi carne que respira, y más debajo del cielo azul y gris, una diminuta montaña verde saludando en la impresión de sus colores como algo triste, en una opacidad dentro de mi sentimiento interno. Que nos hace reconocer en un, no todo es alegría y esa parte no sé, si inmaduro sentimiento llevándome a creer en los imposibles o en la irrealidad misma, cortando con todo lo intrínseco que da alegría, es extraño e inevitable dentro del espacio habitado, nos alejemos de nuestras primitivas ramas, aquellas inducidas por la experiencia de un pasado paralitico, donde puedo pensar en el momento en que mis pies aun están más firmes, y en donde las fuerzas opuestas son insensibles a nuestros antojos, y entonces, todos aquellos sueños y albedrío en los que los hombres se convierten en un polvo tan real. Fue preferiblemente de alguno si deseo hacer del mundo el espacio solitario, cuando las ganas son la única razón de una alegría, y somos hijos de la creación y nos damos cuenta que podemos imitarle, pues, los hijos de su sangre y de su cuerpo le copian.

 

    Los árboles en la lejanía, aquella gente caminando de un lado a otro, ellos detrás de sus necesidades, en búsqueda de saciar su anadipsia y los otros el deseo inevitable muy interno de la propia hambre. Hambre de creación y la otra de llenar el esófago, cada cual, persigue sin que lo sepamos su afán en la carretera asfaltada del negro y blanco a rayas, que deja una huellas infinita de su forma en lontananza cuando le miras, un vapor en su cuerpo elevado sin fin hasta el mismo cielo que desaparece en la distracción de tantas cosas bellas. No deseo contagiar al mundo de esta hermosura, producto de mi vista, pero hago una breve descripción mientras, estaba exactamente donde planee en el momento de colocarme, entre la sombra de una gigante cruz, la que ocultaba los rayos del astro, cuando a la tierra llegaban, queriendo tostar mi piel, en el claro pensamiento ineludible del deseo de tener energía cargada en mis alas. En su adentro, un párrafo hay mucho más aliento, y habita las maravillas, los sueños rotos y esa fuerza empujando a no querer claudicar, pues, mientras vivamos debemos seguir y deseamos, por el resto del tiempo que la gracia lo permita aunque sea un minuto, y seguir observando todo aquello que forma parte de la bóveda del cielo. Y allí encontrar explicación del porque de nuestro nacimiento, poder decir lo entiendo, fue para que logrará ver toda esa belleza enmarcada y poder trasmitirla, en una palabra mientras veo y tanto el otro lea y sienta, el mismo latir, en tanto  desde su cama de hospital u otro lugar, lleno de paredes donde no le alcance la vista y siga creyendo en ese mundo de colores que aun existe y se levante.

 

   Tal vez, esta noche las almas de los nosocomio y los encierros, logren un sueño con mayores ilusiones, y los niños en su andar saltarina, acostumbrados a la letra y al árbol que contiene la fruta dulce, en su justo y necesario arraigo, por sus guías enseñado, a que no dejen de soñar, porque, más que esa descripción ilusoria que está aquí dentro, cuyo fin  acompañado vino del amor y parsimonia de quien la escribe, en multiplicar una idea y a su vez, comprobar cuanto se puede hacer sentir en una palabra, bien descrito en un sentimiento. Gracias.    

Memoria en las debilidades.

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Memoria en las debilidades.

       Han pasado dos semanas y el cuerpo seguía allí en la charca, nauseabundo y envuelto en las moscas verdes que se congregan alrededor de un costal de huesos y carnes, amoratadas y mortecinas  cuando concurren varios días. Fue imposible que se descubriera antes, sino hubiera sido por el hijo de la señora que cuidaba al hombre, que apareció tirado entre las aguas amarillas, que lo ahogaron. El forense tuvo que llegar con una mascarilla, antes de acercarse. Y el niño, aun turbado, por la impresión que le había causado el tener que tropezarse con tan horrible acontecimiento. La madre aun lo abrazaba, el gritaba y le decía. ¡Que no fuera el señor Hanson Hannover! Hasta el tiempo en que el cuerpo fue llevado a una camilla, mientras un líquido se desprendía desde las sabanas hacia el suelo tenebrosamente. Cosa que en la mente del muchacho, quedo grabada hasta hacen pocos días, de los que han pasado  unos veinte años, y volvió a sucederle al hombre que antes era un niño. La misma escena que produjo el colapso de sus sentidos. Sucedió hace pocos minutos, Samar Headis, fue testigo, mientras limpiaba una de las alcantarillas de la ciudad y realizaba la labor en compañía de sus amigos, que trabajaban para la empresa contratada por el estado, la cual, se encargaría de asear la ciudad, antes que el invierno llegara. Eran labores preventivas, auspiciadas por la autoridad. Pero, en el momento en que Samar, usaba la pala que le permitía sacar la basura desde la alcantarilla, hacia afuera de la calle, tropezó con algo, cuando sacó la herramienta hacia arriba vio un cuajo gelatinoso y hediondo que emergió entre la basura y las hojas secas. En ese momento, Samar, presa de los nervios, cayó encima de su amigo que lo acompañaba más abajo, en el fondo del piso, lugar donde se alojaban casi todos los desperdicios arrastrados por las corrientes. Inmediatamente, el que estaba en el túnel comenzó a dar alaridos, pues, el cuerpo de Samar le estaba aplastando y el agua, que venía corriendo de la calle, estaba amenazando con ahogarle, si no era auxiliado en el momento, porque, su compañero estaba rígidamente desmayado como un palo, y si alguien no acudía en su ayuda en este instante, seguro terminarían muriendo los dos inevitablemente. Uno, ahogado por la corriente de agua y el otro, aplastado por el mismo peso que sostenía. Mientras, pudo gritar escandalosamente, antes de que el agua le llegara al cuello lo hizo y en ese correr de los minutos, sitió que sus pantalones se estaban mojando, profundizando en su esfuerzo, porque fueran escuchados sus alaridos allá en la superficie.  El agua siguió entrando, hasta que el no pudo más y se abandonó en sus fuerzas, pero sin dejar de sostener a Samar, se dejó llevar por la corriente, mientras perdía el conocimiento.  A los pocos minutos del suceso, fueron recogidos por los bomberos y algunos de sus amigos minutos antes, se dieron cuenta en el momento de su ausencia y entonces comenzaron la propia búsqueda, con la esperanza de conseguirlos mientras, el cuerpo de rescate llegaba. Pero la lluvia comenzó a volverse tormentosa y las nubes en el gris cielo, no cesaron de lagrimear y lo hicieron con más fuerza, como si estuvieran presintiendo la llegada de la muerte.

        Los hombres en su desesperación se lanzaron desde un puente que quedaba más abajo, en un afán febril entre ellos, de poder salvarles la vida, cosa que no sucedió como  esperaban, en total, los muertos fueron  cinco que se había tirado desde el puente en su acción desesperada de encontrar a Samar y  su amigo, los cuales fueron hallados y rescatados en la misma alcantarilla, que, repentinamente se vació, cuando aumentaba la corriente, ocasionando una especie de remolino cuando se llevo el tapón de basura, que una vez amenazó con dejarlos sin el aire, y en su momento cuando fueron rescatados, los dos eran atendidos, dieron cuenta de, cómo sus compañeros no corrieron con la misma suerte. Y sus cuerpos fueron recogidos en el vado que dejaban las aguas del dique que se había formado, flotando como hojas de papel, en sus  ropas mojadas y como si hubieran sido hundidos a propósito por sus pesados cuerpos, y de los cuales se supo en su momento, ninguno sabía nadar. Pero fue tan histérico el momento, que no tuvieron tiempo de acordarse si sabían. Esto fue lo último que se supo, por comentarios de sus familiares. En la sala de recuperación donde se encontraban los dos sobrevivientes. Fue una semana de mucho movimiento, sobre todo para Samar, que hoy estaba cumpliendo veintidós años, y quiso celebrar en familia y en compañía de su salvador y amigo Romiel, los dos pudieron salvarse en su destino, pero, los que no supieron esperar. Pagaron con su vida los errores. En la vida, la memoria  y más no el miedo, forma parte esencial de las actuaciones que podemos ejercer en determinado momento, por eso amigo lector, trata de tener memoria de tus debilidades.     

 

El hijo de las sombras.

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Maduro el hijo de las sombras.

Relato ficción.

      Sucedió en una aldea no muy apartada de la ciudad, el puente que divide a las dos Repúblicas, fue testigo del parto de uno de los hijos de Lucifer. Todo comenzó una noche de rayos y centellas, las nubes en el cielo no dejaban de llorar, tal vez sospechaban que en camino de parto o desde el infierno, un hombre malo a la tierra llegaba. Es uno de esos seres más horrible, espantoso y cruel, que pudo la raza humana conocer. El hijo de las sombras, llegó a esa aldea, antes de ser llevado por las circunstancias a la capital. Fue criado por poco tiempo por su madre, su padre les abandonó casi en el mismo momento en que su hijo llego al mundo, intuición capciosa, según él decía, tenía la preclara idea de que este hijo vendría al mundo, careciendo de todo tipo de escrúpulos humanos. Después de su nacimiento, el hijo de las sombras, se quedó huérfano de madre a los pocos años, antes de llegar a su adolescencia. Dicen por allí, y pudiera ser el principal ingrediente para que un hombre sea tan malo como este, fuera la falta de una figura maternal; de la que no pudo disfrutar igual a las personas que en su entorno crecieron. Su vida transcurrió cerca de una montaña, la cual, era visitada por muchas personas en búsqueda de liberar sus almas, el hijo de las sombras fue conducido hasta allí, por un hombre que lo había cuidado, después de la muerte de su madre y educado para ser un aprendiz de brujo o santero en la cima de la montaña. En su iniciación comenzó a colectar animales, lo que llevaba al cerro donde se practicaba todo tipo de rito, y los utilizaba como fetiche, los mismos según él, los había entendido, porque con él nacieron y le resultaban como herramientas para poder llegar al grado máximo que alcanzaban los grandes. Según él y tenía en mente, desde hace mucho tiempo, en que pronto estaría gozando de un gran poder. Él nunca estudió y jamás asistió a una escuela, porque se crió en la calle y fue testigo desde su adolescencia, de muchas barbaridades, las mismas que otras veces practicaron con él. Con el tiempo se hizo llamar el hijo de las sombras,  mientras permaneció en las montañas y bajaba al barrio. Se rodeo, producto de la magia negra que practicaba, de una infinidad de hombres adulantes, mismos que pensaron que el hijo de las sombras, poseía verdaderos poderes, convencidos, víctimas de la ignorancia que les hacía perseguir, y convertirse en miserables adulantes. Mientras él, cuando le venía en gana lanzaba un pedazo de sobras, las que muy pocos dejaban caer al suelo desde el aire, fueron los propios y los seguían, como otros tantos, porque los aduladores no conocían otra manera de llegar al poder, si no fuera pisando los alrededores del hijo de la oscuridad así como él los fue escalando, en la medida que pasaron los años. Asesinando personas, derribando puertas y haciendo su voluntad, en un pueblo, gobernado por el desorden y la  delincuencia. Cuando el hijo de las sombras, llego al poder supremo, continuaron sus fechorías con sus seguidores, en torno a sus huellas, eran los rastros de las sobras, y de la misma manera, seguían aprovechando los indignos y los menos dotados, y de alguna forma dieron el poder al hijo de las sombras, ensalzando y diciéndole que también le salían las cosas, y nadie lograba imitar. Entonces se formó en su pensamiento, la idea orate del hombre único. Y todo el país llegó a gobernar y deberían lucir como él, un único traje que él llevaba, utilizaba también un bigote que lo identificaba, y mandó a realizar, miles de estos. Los cuales, la gente debía llevar, para poder ser tocado por las migajas que repartía. Por un tiempo el hijo de las sombras estuvo bien y no se le veían costuras, pero después que las arcas del país que gobernaba se agotaron, se le fueron terminando. Entonces, comenzaron a verse las imperfecciones del hijo de las sombras,  el hombre admirado de antes de que todo comenzara y era el orgullo de toda la comarca, llamado el presidente obrero. Resultó ser el hombre más despreciable y el peor monstruo tirano y  adulterado, que pudo parir la nada y conocer una nación.            

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Apartadero

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Primera Parte

 

         No era extraño que pasara todas las tardes ese joven alto observando hacia los ventanales de la casa grande, tratando de introducir la mirada por el resquicio insignificante que proyecta la luz, cuando se cuela por los agujeros de las paredes blancas entre juntadas de la casa. Filomena Marcussí Salvatierra, todas las tardes se sentaba en la silla de mimbres colorada, junto con su prima Doménica Salvatierra Granados, la de tez de porcelana y de ojos azules, cual si fueran la bóveda del cielo.  Dos jóvenes que comenzaban a sentir hace tiempo, el significado que tienen los pasos que experimentan las niñas próximas a la adolescencia. Se aumentan los calores en su cuerpo y aquel montón de mariposas se alborotan cuando veían pasar a todos los muchachos que desfilaban, nada más y nada menos, con la grandiosa intención de verlas sentadas en el porche de la casa imponente. Tratando con disimulo y en su presencia, fueran notados por la negra Dolores, siempre atenta, y la misma de siempre que las estuvo cuidando por orden de su amo, el señor Arnaldo Marcussí,  esto lo venía haciendo casi desde que atendió su nacimiento. La hacienda que se veía al llegar  quedaba detrás de la notable casa, que se levantaba por encima de las demás luciendo su techo rojo, las calles de Apartadero eran larga y estaban hechas de un antiguo y duro cemento, el cual fue confeccionado en otro tiempo, momentos de los que se hablaban hoy, como un pasado que añoraban, cuando la ciudad pudiente, tuvo la mejor oportunidad y aprovechamiento, en el señor Marcos de la Torre y en los rincones se escuchaba, quien fuera un perseguidor de sus adversarios, un pequeño tirano que se vino fortaleciendo en la medida de que el pueblo de Apartadero lo fue soportando y permitiendo. Los que aún anhelan este tipo y forma de gobierno. Dicen de secretos entre la gente: ¡Como hace falta aquella bota de Marcos de la Torre! Entre suspiros y oídos que no escuchan, para evitar contradecir las equivocaciones; porque desde hace años, ha existido en Apartadero el respeto por la palabra de los hombres de cabellera blanca, inseparables de sus constantes afirmaciones, aun siendo equivocas.

       Sin embargo, llega el momento en que la sociedad se revela desde sus adentros, aquella juventud risueña y callada de aquellos días, paseaba de un lugar a otro, con las mismas costumbres, cuando regresaban de culminar sus estudios en la capital o en el extranjero, y comenzaban a formar parte de aquella sociedad enmudecida e improbable y a la vez, si se pudiera decir. Cobarde ante el desafío de su verdadero destino, que significa la trascendencia de los hombres, cuando son capaces de romper los moldes que los convierte en simples adornos y trípodes de porcelana, convirtiéndolos en aquellos incapaces de  mover un pie, porque, piensan que su movimiento propiciaría una caída dolorosa y la pérdida de todo el significado del entramado vidriado de donde se sostienen.

 

Por aquella tarde, Filomena y Doménica, vieron pasar a un joven en su andar erguido y de calzado sumamente reluciente, que se diferenciaba del concepto que tenían ellas de los pueblerinos, era un joven conocido que regresaba de la ciudad. Para comenzar sus cuchicheos, parecía que jamás lo habían visto y menos conocieran que existiera; en ese momento ellas dos interrogaron a la negra Dolores, que según ellas, tenía tantos años como de existencia lucia Apartadero, y era de suponer entre ellas, y sabía de cada una de las familias que hoy quedan en este lugar: -Sabes ¿Quién es ese joven que va bien vestido Dolores? Pregunto Filomena-. Si claro que sé, es el joven Ernaldo Parisini. El hijo de la señora Aurora Parisini, tenía muchos años en el exterior estudiando una carrera. Tal vez fue, mis señoritas, que la haya terminado y por eso el motivo de su regreso. Ya se sabría más del joven en la medida que el tiempo lo fuera amoldando y en su momento presentado en un baile, el cual se hacía para presentar a los hijos recién regresados, acostumbrado por las familias, cuando estaban de vuelta y culminar sus carreras.

En el joven Ernaldo existía algo que lo hacía diferenciarse de los demás jóvenes del pueblo, no sabemos si fuera porque, la mayor parte de su juventud, la pasó en la ciudad de Paris y de allí mismo regresó, luego que terminó sus preparativos, sin perder más tiempo, comenzó su carrera universitaria en la facultad de letras, de la cual volvió como uno de los mejores especialistas y de reconocimientos.

       El pueblo de Apartadero, siempre lucía el rostro envejecido en sus primeros días de Enero, el joven Ernaldo al poner el pie en la acera donde termina el último escalón de hierro del tren, que lo transporto por más de 5 horas hasta tanto llegó a la terminal, y de allí fue recogido por su prima Victoria y la tía Adelmira, las que decidieron, antes de coger algún otro transporte, proponerle a Ernaldo hicieran el recorrido a pie, y  a la vez se estirara un poco e iría de nuevo conociendo de esta manera, el pueblo de Apartadero. Ernaldo quedó encantado de la sobriedad de sus esquinas, las cuales diseñadas y pintadas de manera delicada, sin que esto hiciera que se perdiera el patrón que desde la Alcaldía se dictará, para que no se obviara el modelo de antaño, el mismo debía prevalecer a pesar de que los colores lucían por efectos del tiempo, el desgaste que sufren todas las edificaciones al sol perenne y el paso de los días. No fue sólo por esta razón la sugerencia de las dos damas, sino también para que las muchachas de todo el pueblo, se dieran cuenta de su llegada, y más temprano que tarde, se convirtiera en un referente que hizo de Apartadero el pueblo que es hoy.   

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Me despierta cual destello.

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Porque no te escondo nada

Si debería yo el hacerlo.

Eres luz de mi alborada

Que la disfruto en mis sueños.

..

En mi estrofa conjugada

La cual me ufano tiñendo,

Como se pinta el paisaje

El reflejo de un recuerdo.

..

Para mí la fina espuma

Que viene del arroyuelo,

Para ti mi hermosa ninfa

Del canto y dulce resuello.

..

En su afán de alegorías

El que construye va haciendo,

Un entramado de alegrías

De mustias rosas y  espejos.

..

Allá en mi casa hay un ave,

Que cantaba los días aquellos,

Cuando tú en mi vivías

Ocupando el brillo y destellos.

..

Cuando escucho ese trinar

A penas se clara todo esto,

Un sol radiante que pasa

Por las ventanas risueño.

 

 

El cuadro de mis recuerdo

 

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El cuadro de mis recuerdo.

 

     Hoy es martes, comienzo de un mes maravilloso, porque, por estas fechas me han sucedido muchas cosas, de las que ahora me he puesto a sumar y terminó pensado, es el mes de mis oportunidades. Salía a la calle veo como unas pequeñas gotas de lluvia amenazan el paisaje, un cambio embellecido hecho por la sensible naturaleza, buscando trocar mi panorama de esta alegría apreciable y sentida, cuando miro desde lejos el alegre espacio que bifurcan las aves en su vuelo, las cuales en su dirección me dicen van de paso. Término de llegar a mi destino, un jardín donde se encuentran las flores de las hojas alegres y de pétalos abiertas, en señal de espera. Así me encuentro ahora, en una espera sensible y contenta de eso bueno, que presiento la llegada. Tal vez sea la visita tuya, como casi todos los años en los que supimos entendernos, más allá de nuestras ocupaciones, rompimos el temor y hallamos la valentía como único aliciente, que elimina todos los obstáculos. Aun sigo pintando el borrador y sigo pensando, mientras camino hacia la puerta de la casa de paredes grises corrugadas, la de los techos bajos y de colores ocres, el césped humedecido, cubiertos de pequeños montones de barro diminuto, que suelen tirar hacia afuera las lombrices, cuando se incrustan más allá de las puntiagudas hojas de la enana hierba, y entonces viene dejando la huella de su cuerpo en la superficie. Las abejas revolotean y sus alas surcan el arcoíris, que se va formando en las crestas de los apamates enfilados que adornan las calles, se mueven al ritmo del calor y el evaporado aire que va suspendido en dirección al cielo, las ramas en la procura de las pequeñísimas gotas de lluvia, que amenazan con  invadir total la escena. Más atrás las aves de variados colores, que se dirigen al punto septentrional y las va alejado de la dirección contraria a donde viene la lluvia, semejan como a miles de personas en las calles y los aeropuertos, cada una en su afán indefinido por aquel que las observa y de su albedrío no sabe; cómo en este momento en el que me encuentro sin saber hacia dónde se dirigen todas las cosas que se mueven, pero estoy seguro de lo que escapan. He tomado la pala y la horquilla, que me permitieron cortar algunas flores, las más altas de árboles ya descritos, las gotas comienza a agolparse con más fuerza y mi espíritu también desea guarecerse, entre el recuerdo de un pensamiento que evoca los mejores momentos.

Allí dentro de mi casa, el silencio cuyo ha solas disfruto, y en mi mente no se discurre, más nada como no sean las rutas de las que pretendo salir airoso, si eso creo es mi vida, un  zigzagueante destino que me lleva a descubrir sus direcciones, y como dicen algunos, andando el camino es cuando se conocen las verdaderas ansias. Mis ganas no son menos o más que las tuyas, no escondo nada que no pueda otro hombre saber, no creo existan secretos dentro de la cabeza de los seres humanos, y encierren otros misterios, a menos de aquellos, que han surcados muchos mares y se han perdido del mundo y todas sus maravillas, fuera de eso que ellos puedan conocer, sin embargo se forma esa tímida actuación, por aquello que no se sabe. Y entonces, nos damos cuenta del saber, como la sana conciencia y discreta palabra, que se encuentra esperando ansiosa. Así  me hallo a esta hora esperando ansioso y en la ociosidad de la costumbre, que pinta los recuadros y plasma en los daguerrotipos enmarcados, una figura un instante, el cual moldeo según mi antojo donde me siento, en esa mesa de dibujo donde acostumbro a plasmar la formas que llevó a tantas, a las variaciones como se le ocurra a mi entendimiento, el cual una veces quisiera devolver en la realidad de mi vida, para lograr pintar esos momento en los cuales sucedieron, tantas oportunidades de las que hoy me quejo y me digo, quisiera regresarme como una película para poder detener ese momento, y así, aprovechar mejor lo que no pude haber hecho. Pero me doy cuenta de lo feliz que soy con lo que tengo ahora, y lo que pudo haber sido no existe, Y conforme con lo que he obtenido, sorpresa de mi voluntad, la misma que siempre ha juzgado a favor de mi sentir equilibrado con el mundo y con todas las personas, con las que me puede tropezar y ahora no están, y me hace comprender también esta pintura de la vida, que lo que ya no existe es porque, también forma parte de esa combinación de colores antojosas y de la paleta de mis lienzos cuando se secan.

Otras veces queriendo cambiar lo inimaginable he querido recortar esa figura tuya en la que unidos de la mano y pintados en ese cuadro al estilo Claude Monet, en el invariado puente, cuyo significado descansaba la idea, cuando dimos el paso aquel día. He querido otra veces cortarlo y separarle, para continuar como nos encontramos ahora,  sin más recuerdos indescifrables, ni modificaciones absurdas e inconforme de lo que tengo hoy, en compañía de este montón de óleos e imágenes de ambientes y pinturas, bajo la sábana mojada de una repentina lluvia que se quedo en mi fija retina, entonces ella me empujo a que fuera dentro de la casa, mientras ella se difuminaba. Acabe de colorear el jardín de la casa imaginada, en la que me hallo detrás de una ventana, desde donde puedo transmitir el ambiente inamovible de las pinturas que mañana adornarán mi sala.    

La imagen Yelena Painakova

     

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La imagen Yelena Painakova

 

       Todo comenzó este Lunes, que tome el periódico sin darme cuenta de su fecha, desde hace mucho tiempo tengo como costumbre pararme en el mismo lugar, antes de las seis de la mañana, tomarme un café en la panadería y regresar con el humeante vaso de plástico, corriendo para coger la prensa diaria. Creo que llevo más de cincuenta años en esto, la costumbre de leer periódico desde que mi abuelo hizo de ella el uso de cada día, porque según él decía. Un hombre que no lee, es un hombre condenado a la oscuridad de sus días. En cuanto a mí es tanta la costumbre y lo hago desde que tengo uso de razón, hasta el extremo de guardar en mi casa una gran cantidad en el sótano que alcanza las escaleras que dan a la puerta, que conducen hasta ese lugar oscuro del que anoche sin darme cuenta baje y comencé a leer el periódico, buscando entretenerme. Es extraño que lo haya hecho, pues en mis manos hay tantos libros, ya que, para la revista que trabajo, llegan una buena cantidad de escritores, halagando a la misma y haciendo loas, mientras nosotros los impresores de libros y revistas, sólo utilizamos sus creaciones en el tiempo que nos produzcan dinero, hasta allí se resume su importancia. Por lo demás, se nos olvida que una vez existieron.

       Para contar, cuál fue el resultado que me trajo, luego de juntar dos periódicos que en mis manos llevaba, antes de tropezar con esa chica de cabello rubio, note su mirada perdida y  como si no hubiera dormido. En fin, nos pedimos disculpas luego del tropiezo, y yo apenado con la  tremenda mancha que dejó el líquido del café el cual llevaba en mis manos, mismo se vació en la parte su pecho, dejando claros en su blusa verde y transparente, notándose llevaba corpiños de una blonda carmesí, y resaltaron a mi vista entre la pena que sentía, sólo me salió un -¡Mil perdones señorita!- Y entonces ella, me respondió que no había problemas, pues, trabajaba cerca y subiría a su oficina en el piso 07. Luego de recoger los dos periódicos y tirar la otra parte del poco café que quedaba en el vaso al cesto de basura. Me dije:- He comenzado el día con el pie izquierdo- Termine de subir a la oficina, desde el ascensor que me conduce al piso 07, por cierto hoy era  07 del mes 07 del año 1907, acrósticos para mí no lo era. Pero para otras personas que andan pensado otra cosa, tal vez sí lo sea, y en cada señal que les viene a la mente. Llegue cerca del pasillo de granitos negros en sus blancos cuadrados, que da al elevador de puerta color plata. Corrí con la suerte a último minuto, que una señora obesa de contextura, impidió que arrancara y entonces aproveche el pequeño espacio, para colarme entre la gente y el desorden de los dos periódicos que en mis manos llevaba para subirme. Cuando llegue al piso 07, el hombre del elevador se despide y me quedo buscando en los bolsillos de mi pantalón la llave que abría la oficina. Este año fui ascendido y como recompensa, me han dado más trabajo, entre ellos, llegar primero y abrir todas las puertas más temprano, mientras la señora que limpia, pasa a los pocos minutos detrás de mí, con un tobo lleno de agua, y con una rapidez admirable, termina de asear la mía, luego que me siento. Escucho como ella comienza a mover cada una de las sillas y los escritorios, para lograr una mejor limpieza, eso es lo que argullo, mientras, empiezo a leer, el amasijo de papel que quedó en mis manos luego del accidente que tuve con la mujer de tez ceniza, con la que tropecé dejando su cara en mi grabada. Voy a la primera plana y leo que el periódico que tenía en mis manos, era el que anoche estuve ojeando en mi casa. Noté que la fecha sigue siendo la misma en ambos periódicos, en mi inquietud de encontrarme con las hojas nuevas, del ejemplar que había pedido en el quiosco. Nada, no lo conseguí, el periódico y el año diferente. hojeó uno tras otro y en fin tenía en mis manos, ocho cuerpos de periódicos con una misma fecha, seguí leyendo y en la parte de sucesos encuentro, un incendio en la calle 07 Rizt con 07 la principal de donde quedan nuestras oficinas,  era conglomerado de enfrente de donde trabajo, arrimo un poco la persiana para mirar incrédulo, y cerciorarme que eso hacía tiempo había ocurrido. Sin embargo algunos rastros de humo aún continúan saliendo del apartamento, que aproximadamente quedaba en el mismo piso de nuestra oficina. Allí sigo leyendo la información y entonces me encuentro sorprendido de ver, que una dama, parecida a la mujer con la que me había tropezado, la cual no creo olvidar en mucho tiempo y ahora más aún, cuando me encuentro con esta noticia. Toda mi vida he sido un hombre incrédulo, no creo haber sido creyente de religiones y menos de loterías, el azar no tiene nada que ver conmigo, porque, pienso que el mejor futuro está dibujado con el creyón de tus acciones. El nombre de la mujer que había sido encontrada muerta en el apartamento de oficinas, era Yelena Painakova, con la misma silueta y el mismísimo porte, la foto que presentaron, no fue la misma que estaba más abajo, por eso llegue a reconocerla. Pues, la que continuaba la narración del hecho que dio como resultado su muerte, era una masa ennegrecida y cárnica, que supuse no era ella después del incendio. Para quedarme con esa imagen con la que tropecé antes de llegar  a mi lugar de trabajo, cuando comenzaron a llegar mis compañeros, yo aun sin salir de mis asombro, fui hasta el cubículo, donde estaba terminando de llegar Filipo, era uno de los pocos amigos que tenía en la oficina, al cual sé que puedo confiarle este secreto del periódico, el mismo narra los hechos que sucederán este día. Ya que ahora, luego de conversar con él y transmitir mi mismo miedo. Cosa que no he terminado de entender de lo que es el temor contagioso, pasa entre la gente conocida hasta multiplicarse a personas de mayor número, hasta llegar a causar gran conmoción, y aunque este no fuera el caso, acorde con Flipo no hablar más nada de ello, hasta que sucediera otro acontecimiento, que nos diera la certeza de la próxima noticia, ocurrida el 07/07/1907. Sin embargo la imagen de Yelena Painakova, en mi mente se quedó plasmada.  

El juego de los Dioses

Una obra amena y ligera, en la mejor plataforma del mundo diseñada para escritores indies

 

Dieron frutos secos de castañas

El sol endureció sus finos frutos,

Árboles la naturaleza baña

En los campo verdes el diminuto.

 

El oso de sus garras el astuto

Cercena los panales con su saña.

Imposibles en su pelo hirsuto

Hormiga que se cuela en su pestaña.

 

Vino la vida en red de telaraña

Envolviéndolo todo en lo absoluto,

Del velo que nos priva y nos engaña.

 

Haciéndonos al tiempo un atributo

Efigie de los Dioses las hurañas,

En la era  pasada irresoluto.